ENTREVISTA| Juan Martín Guevara 55 años después: el hermano del ‘Che’ habla de «traición» y de que lo abandonaron a la muerte

«Encontramos a papi», ese fue el mensaje de los soldados bolivianos que capturaron a Ernesto ‘Che’ Guevara en la Quebrada de Yuro. Un día después, 9 de octubre de 1967, fue asesinado. A 55 años de los hechos, Sputnik habló con su hermano Juan Martín Guevara sobre algunas de las interrogantes que todavía rodean su muerte.

De sombrero y gafas, con un chaleco para verse más gordo y las facciones cambiadas, el Che llegó a Bolivia en noviembre de 1966 con un pasaporte uruguayo a nombre de Adolfo Mena González.

Atrás dejó su querida Cuba, lugar adonde el médico argentino había llegado en 1956 a bordo del Granma, convirtiéndose junto con Fidel Castro en uno de los héroes principales de la revolución que triunfó el primero de enero de 1959.

Después de ocupar importantes cargos y de una intensa actividad internacional, en 1965 el Che abandonó su vida en La Habana para viajar al Congo y ayudar a las luchas de liberación de África, pero la experiencia fue un fracaso y debió retirarse ese mismo año.

Volvió a Cuba y con Fidel planearon su nuevo periplo en el corazón de Bolivia, en el centro de América del Sur, para intentar sembrar la llama de la revolución en el continente y llevarla hasta su natal Argentina.

El viaje había sido preparado desde La Habana y fue acordado con el Partido Comunista de Bolivia, liderado por Mario Monje, quien se había comprometido a apoyar desde las ciudades el intento de los guerrilleros cubanos. Pero la realidad sería muy distinta.

El 7 de noviembre el Che llegó con sus hombres a una finca en una región selvática cerca del río Ñancahuazú, en el sudeste del país, después de dos días de viaje en jeep.

«Hoy comienza una nueva etapa», escribió en la primera página de su diario. Y al poco tiempo también empezaron los problemas.

Desde Argentina, Juan Martín Guevara, que tenía 24 años en 1967, retoma las circunstancias del asesinato de su hermano, el posterior descubrimiento de su cuerpo y hace una valoración de la figura de su hermano.

Juan Martín Guevara sostiene su libro 'Mi hermano, el Che' - Sputnik Mundo, 1920, 07.10.2022
Juan Martín Guevara sostiene su libro ‘Mi hermano, el Che’ © Foto : Juan Martín Guevara

— La historia sigue arrastrando interrogantes sobre su muerte, el primero de ellos es ¿cómo se supo que el Che estaba en Bolivia?

— Cuando el Che regresa del fracaso del Congo y se prepara para salir hacia Bolivia con un grupo de cubanos. Había un contacto con el Partido Comunista Boliviano, así que de alguna manera estaba concertado, aunque no se sabía públicamente dónde estaban. Solo el PCB lo sabía.

Había gente que trabajaba para los dos lados, para la CIA y para los cubanos, y así fueron apareciendo algunos datos sobre su viaje.

Lo que sí se sabe es que el 31 de diciembre de 1966, en Ñancahuazú, había contacto entre el Che y Mario Monje, el secretario general del PCB. Monje plantea tres puntos: que renunciaría a la dirección del PCB, pero lograría de este al menos la neutralidad y que diera cuadros para la lucha; el segundo punto era que la dirección política y militar estaría en manos de él mismo y el tercero, que él manejaría las relaciones con los demás partidos comunistas de la región.

La respuesta del Che fue que el primer punto lo dejaba a su criterio, el último lo podía ver el PCB, pero respecto al segundo punto, el Che le dijo que no, por una cuestión de experiencia y de lo que ya se había hablado, que él iba a dirigir la lucha, el Che. Monje planteó que no estaba de acuerdo, que se retiraban, y ahí es cuando se quiebra la cosa.

El grupo inicial quedó despegado de la posibilidad de tener un apoyo en la infraestructura del partido, lo cual terminó siendo decisivo. Incluso [la guerrillera] Tania, que figuraba como una argentina que estaba trabajando en La Paz, quedó desprotegida y otros compañeros que quedan en el grupo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), quedan aislados del aparato de las ciudades donde el Partido Comunista tenía su infraestructura.

Los otros partidos comunistas de la zona no estaban de acuerdo con el desarrollo de la lucha de liberación en los distintos países latinoamericanos, más bien tenían una posición casi socialdemócrata dentro de lo que entre comillas se llamaba la participación democrática, y fue así como el Che quedó aislado.

Entonces el Che decide continuar, pero sin el apoyo con el cual contaba cuando llegaron.

La dirección del PCB había apoyado esto, pero cuando se presentó la cuestión concreta, la división interna es decisiva y Monje toma la decisión. Él sabía que al decir eso [tomar la dirección], cuando ya habían quedado de acuerdo en que iba a ser el Che el que estaba ahí, la respuesta iba a ser no, iba a ser la ruptura, lo utilizó casi como un pretexto y eso es lo que sucedió. Decir que él va a dirigir delante de quien venía a dirigirlo, obviamente, la respuesta fue no, esto no es lo que acordamos, y Monje se retira y retira al Partido.

En mi opinión, la retirada del apoyo de Monje y el PCB de algo que ya estaba acordado, porque había estado con Fidel en Cuba, es una traición. Fidel también lo dijo, pero no tengo a mano el texto para recordarlo en sus palabras exactas.

— Se habló de que el intelectual francés Roger Debray, que había viajado a Bolivia y había sido detenido ese mismo año, habría «hablado de más», ¿esto fue así o es para ocultar otras responsabilidades?

— Sí, ellos sabían, pero ya en ese momento todos lo sabían. Eso fue una especie de cortina de humo que estaba ocultando ciertas cosas, como todo el trabajo de la CIA que después se descubre, porque hubo gente que trabajaba para los dos lados y porque al PCB no le convenía quedar descolocado de esa manera.

Para salir de la zona donde estaban los sobrevivientes de la guerrilla —que fueron cinco—, Inti Peredo [que era Secretario del Partido en Cochabamba] se contacta con sus compañeros de Cochabamba para que les ayuden a huir a Chile, pero les pide que no lo anuncien a la jefatura del partido, y así lograron salir.

— Mucho se ha discutido sobre quién dio la orden de asesinarlo.

— Quien lo ejecutó fue Mario Terán, un militar boliviano, así que la decisión no queda fuera del grupo de los bolivianos que dirigían militarmente, pero por la cantidad de norteamericanos que estaban en ese momento, todo indica que la decisión estuvo en manos de la CIA o el Departamento de Estado de EEUU.

Al Che lo toman herido en la Quebrada del Yuro, los soldados informan: «tenemos a papi», y vino la orden de ejecutarlo. Seguramente tenía que ver con no tener a un personaje como tal en un juicio, la decisión fue tomada por eso. Pero el Gobierno boliviano [del presidente René Barrientos y el vicepresidente, Alfredo Ovando] era totalmente dependiente de las directivas que venían de EEUU.

— Uno de los de la CIA que estuvo ahí, el cubano Félix Rodríguez, quien transmitió la orden de ejecutarlo, dijo que la decisión la tomó el comandante Ovando. ¿Esto fue una manera de salvar a la CIA?

— Él era un cubano de la CIA, no estaba en el Ejército boliviano, entonces puso la cosa en manos de los bolivianos para sacarle las papas del fuego a la dirección norteamericana y dijo que la decisión la tomó el comandante Ovando o el coronel [Joaquín] Zenteno que era el que estaba en la zona.

El Gobierno boliviano estaba manejado desde el punto de vista militar por EEUU, por los Rangers y los que dirigían a los que combatían contra la guerrilla. Puede que pusieran el nombre de Ovando, pero la decisión vino de más arriba.

No hay nada documentado, nadie le puso el sello y la firma a semejante cosa. Entonces la culpa le cae a Mario Terán, que fue el que tiró. Nadie iba a firmar una barbaridad así.

— ¿Cómo se descubrió el cuerpo?

— Mi hermano Roberto viajó a Bolivia tres días después y se entrevistó con Zenteno, jefe del comando en Vallegrande, y le dijo que no había cuerpo. Mi hermano le contestó que entonces no podíamos confirmar que el muerto era Ernesto. Roberto viajó a La Paz, habló con Ovando, quien le repitió lo mismo.

Pero desde Cuba anunciaron que ellos tenían la certeza de que era el Che. Además, le habían cortado las manos para identificarlo. Al cuerpo lo tiraron en una fosa común con otros cinco y le cortaron las manos para hacer las huellas dactilares y no mantenerlo fuera de la fosa común.

Tiempo después un militar dejó traslucir cuál podría ser el lugar donde habían enterrado los cuerpos, en donde habían hecho una pista de aterrizaje en Vallegrande. Después fueron a este lugar, excavaron y encontraron los cuerpos [en 1997].

Los restos del Che fueron rápidamente identificados porque era el único al que le faltaban las manos, que habían llegado a Cuba junto con la fotografía del diario original del Che.

— Han pasado 55 años, el Che sigue siendo una figura emblemática, ¿qué reflexión te merece su trascendencia?

— No solo en Latinoamérica, sino en Europa y muchos lugares, la figura del Che está presente, no solo entre los viejos que podemos añorar los años de lucha de los 60 sino también entre los jóvenes. La pregunta es ¿por qué?

Hay un poema de Eduardo Galeano que dice que el Che «es el más nacedor de todos» porque es muy raro encontrar a alguien que «decía lo que pensaba, y hacía lo que decía», que tenga coherencia en sus actos y ponga el cuerpo. Esto no es común en los políticos. Entonces hay una diferencia que hacen los pueblos entre un político y un dirigente, el que pone el cuerpo, es coherente y no abandona sus posiciones.

Además, las cosas por las que él luchó en los años 60 no están igual, están peor, la desigualdad es mayor, las inequidades. Sigue siendo un tema sin resolver y el Che tiene esa validez de ser un referente para la lucha, es eso lo que lo mantiene.

También hay otra cuestión. Ernesto escribió como Ernesto sus Diarios de motocicleta y otras más, y después como Che hay más de 3000 páginas escritas. La gente conoce al guerrillero heroico, el valor, pero no su pensamiento profundo.

Para terminar la entrevista, Juan Martín lee la última carta que el Che escribió a «los viejos» y a la familia antes de salir de Cuba, de la cual reproducimos fragmentos:

«Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo. Hace de esto casi 10 años, les escribí otra carta de despedida (…) Puede ser que esta sea la definitiva. No lo busco, pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo (…) Ahora, una voluntad que he pulido con delectación de artista, sostendrá unas piernas fláccidas y unos pulmones cansados. Lo haré».

Fuente Sputnik

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