Científicas españolas identifican bacteria intestinal que reduce sistemáticamente el nivel de glucosa en sangre

La bacteria podría utilizarse como probiótico de nueva generación y como agente bioterapéutico para el tratamiento y prevención de la hiperglucemia y la diabetes tipo 2.

En la actualidad, la diabetes afecta a alrededor de un 8% de la población general. «Se trata de una enfermedad grave y, de no tomar medidas, pronto afectará al 10%», vaticina Yolanda Sanz, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y coordinadora del proyecto que acaba de detectar una nueva bacteria beneficiosa para la diabetes.

No llevar una correcta alimentación o abusar de alimentos ricos en carbohidratos y azúcares está más asociado al sobrepeso y a la obesidad, lo que hace que haya mayor nivel de glucosa en sangre. Para que la glucosa, que es nuestra principal fuente de energía, entre en las células se necesita insulina, que se libera tras la ingesta de comida. No obstante, las personas obesas requieren una mayor secreción de insulina para que la glucosa entre en el interior de las células y se reduzca la glucemia en sangre.

A largo plazo la demanda de insulina hace que las células no respondan a la hormona gastrointestinal GLP-1 (responsable de la correcta secreción) y se deteriore la función del páncreas, lo que hace que los niveles de glucosa en sangre permanezcan elevados de forma continuada provocando problemas como la diabetes.

Un equipo de investigadoras del CSIC ha logrado hallar una bacteria del género Holdemanella capaz de reducir los niveles de glucosa en sangre después de las comidas, así como de mejorar el metabolismo en órganos como el hígado.

«Esta bacteria forma parte de la microbiota intestinal de individuos metabólicamente sanos y que tiene la capacidad de mejorar la tolerancia glucosa, es decir, reducir los niveles de glucosa en el contexto de la obesidad», detalla Marina Romaní, investigadora postdoctoral del CSIC en el IATA-CSIC.

La bacteria encontrada favorece las acciones de la hormona GLP-1, cuyos análogos son comercializados y utilizados por la industria farmacéutica para la diabetes tipo 2. Las investigadoras del estudio, publicado en la revista The Federation of American Societies for Experimental Biology Journal, creen que la nueva bacteria también podría actuar como agente bioterapéutico para el tratamiento o prevención de las disfunciones metabólicas de la glucosa asociado a la obesidad. Asimismo, en el campo de la alimentación, consideran que se podría utilizar como probiótico de nueva generación.

«Lo que buscamos ahora es avanzar y realizar un estudio de eficacia clínica en humanos para lo que también nos gustaría contar con apoyo empresarial de forma que podamos escalar la producción de la bacteria a un grado superior y que podamos facilitar la comercialización de este producto y su acceso a la sociedad», concluye la coordinadora del proyecto, Yolanda Sanz.

Fuente Sputnik

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